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Octubre 26, 2007

Recuerdos con sabor

Cuando me preguntan qué fue lo que aprendí cuando vivía en España o qué era lo que más me gustaba, yo respondo que la forma de querer sus productos. Cuando me refiero a productos estoy hablando de materias primas, ya sean verduras o carne. No podemos olvidar que ellos vivieron en carne propia dos guerras mundiales y aunque suene raro, tuvieron que aprovechar mucho lo que tenían.

Me llamaba la atención, cuando viajaba a algún pueblo a las afueras de Barcelona, que en cada casa me podía encontrar con las mejores verduras del mediterráneo y lo más divertido era que en cada lugar decían lo mismo.

También odiaba encontrarme con cerdos o patos, los que eran criados por ellos mismos y a la hora de faenar alguno de los animales cada uno de los integrantes de la familia sabían qué era lo que tenía que hacer. Por ejemplo, si se mataba un cerdo, la familia completa sabía que se prepararía embutidos. La abuela buscaba las tripas para hacer los chorizos, los que eran de cualquier tipo y existe una receta especial.

Luego, ponen las patas a salar, ya que también las recetas del buen jamón serrano son cuidadas con estricto rigor.

Lo más entretenido era reunirse alrededor de la gran mesa a disfrutar de las bondades, en la que se colocaba el pan de pallares, que es una mezcla de pan amasado pero más grande. Además, ponían unos tomates que de sólo mirarlos se habría el apetito y también se colocaban unas cabezas de ajos recién sacados.

Les voy a explicar cómo se hace un rico pan con tomates: primero deben tostarlo (lo ideal es hacerlo en una parrilla al aire libre y el fuego debe ser de leña), luego se saca un diente de ajo y se pela. Por ultimo, se corta el tomate; la técnica es raspar el ajo por el pan recién tostado y luego fregar el tomate por el pan con un poco de sal y aceite de oliva (que allá se hace en la misma casa).

Una vez sentado en la mesa y comenzaban a aparecer los productos que fueron faenados el año anterior: el jamón Serrano con una salado justo, junto al queso que llevaba madurando un par de temporadas y para qué hablar de la sidra hecha por el abuelo de la familia sentado alrededor de la mesa, escuchando historias de la guerra o de los que ya no están es muy gratificante.

Bueno, quería compartir con ustedes estos recuerdos.

Saludos, Rai.

Raimundo Tagle, chef del Rai

Posteado por PuntoMujer el 09:18 AM | Comentarios (3)

Octubre 19, 2007

¿Quieres poner un restorán?

Esta semana les quiero comentar sobre qué trata tener un restorán. Muchos amigos míos me dicen si tuviera plata te juro que pondría uno. Los miro y les digo yo que ustedes lo pensaría un poquito.

Todos piensan que dentro de un restorán todo es felicidad y cordialidad, que si se pone de moda se pueden hacer ricos. ¿Les cuento algo? NO es así. Es una pega súper sacrificada y detallista. Sacrificada porque uno pierde la vida social: se acaban las comidas en casa de amigos, los weekend en la playa, ya no existen viajes ni pascuas ni años nuevos, los feriados son un día más de trabajo y los pocos días de descanso se pasan volando ya que uno deja tantas cosas por hacer que el tiempo realmente no alcanza.

Cuando me refiero a detallista, es porque un restorán vive de detalles: las copas bien repasadas, los pedidos, los platos, los baños, la vestimenta de la gente. Además, siempre hay que andar con una sonrisa gigante porque uno está entregando un servicio.

Me imagino que ustedes deben pensar que soy un tonto o un loco que habla de las puras cosas malas, pero no es así. También tenemos nuestras cosas felices: se crean vínculos muy fuertes con la gente que uno trabaja, es una verdadera familia. Cuando uno falta todos están preocupados por lo que le pasó o si necesita ayuda.

Los momentos de felicidad son cuando uno termina un turno y vio que todo salió espectacular y la alegría se refleja en los rostros cansados, pero felices.

Siempre he creído que un restorán puede tener una carta espectacular, un diseño de vanguardia, una atmósfera estratosférica pero si no cuenta con un equipo de gente, no es nada.

Un verdadero equipo, al igual que uno de fútbol, es aquel en que cada cual sabe lo que tiene que hacer y que cuando uno no está los demás cubren ese espacio sin que nadie se de cuenta.

En realidad, para tener un restorán hay que pensar primero en un equipo y una vez que crea tenerlo, recién ahí viene la pregunta: qué vamos a vender. Con un buen equipo se le puede vender hielo a los esquimales, muchas veces me cuestiono si estoy en lo correcto, por qué puse un restorán, porque cuando veo la cara de los clientes al salir o entrar, son otros y más aún cuando veo la fuerza de mi equipo al empezar el trabajo.

Con eso me doy por pagado. Eso sí, no pondría otro, ja, ja, ja.

Saludos, Rai.

Raimundo Tagle, chef del Rai.

Posteado por PuntoMujer el 10:12 AM | Comentarios (2)

Octubre 16, 2007

Desconectados de si mismos

Es frecuente que los jóvenes acudan a la consulta y planteen lo siguiente: “estoy desorientado, revuelto, no sé que estudiar, estoy perdido, no se me ocurre qué voy a hacer, estoy desmotivado.”

La desorientación vocacional, muchas veces, es un síntoma que plantea que lo más probable es que en ese paciente no se ha consolidado, aún, el trabajo de elaboración de la propia identidad; tarea que se desarrolla en forma intensa, durante la etapa nuclear de la adolescencia.

En el último tiempo, los padres han flexibilizado los roles dentro de la familias y se ha avanzado en cercanía e inclusión en el vínculo con los hijos, pero este modelo de crianza ha producido como consecuencia indeseada una falta de diferenciación entre padres e hijos que afecta profundamente el proceso madurativo y la salida al mundo exterior de los hijos, trayendo graves consecuencias en la organización y maduración de sus intereses vocacionales y de su posibilidad de entrega y compromiso con la situación de aprendizaje.

Cuando los padres tratan a sus hijos como iguales o responden a su natural enfrentamiento adolescente en forma simétrica, producen en los hijos un efecto de desubicación que los coloca en un lugar de partida del cual no logran estar verdaderamente motivados para aprender. “Si yo soy tan grande como mis padres, ya sé, por lo tanto no tengo mucho para aprender”. Estudiar en este caso, pasa a ser más una obligación o necesidad impuesta por las dificultades del medio que una verdadera motivación hacia el estudio; los intereses vocacionales que aparecen a partir de allí son frágiles e inconsistentes.

Una de las consecuencias más graves y desconocidas de la simetría en el vínculo entre padres e hijos es la distancia emocional a la que recurren los jóvenes ante la falta de límites, para buscar una protección frente a los impulsos de la adolescencia, que luego los deja distantes y desconectados de sí mismos como para percibir los propios intereses vocacionales.

A partir de allí no pueden percibir con claridad sus propios intereses vocacionales, ni tener un registro claro de sí mismos, ni entusiasmarse, ni apasionarse justamente porque han quedado desconectados.

Si el adolescente no se conoce, le resulta muy difícil tomar una decisión creativa desde adentro, como algo original de si mismo. Se requiere realizar un trabajo psicoterapéutico, para que el joven se vaya entendiendo y reconozca sus distintos aspectos pudiendo diferenciarse de los padres y los compañeros de grupo.

También es necesario ayudar a los padres en asumirse como figuras protectoras y cercanas que permita al joven la salida de las situaciones fóbicas que provoca el aprendizaje. La recuperación del contacto comunicativo con los padres asumiendo las jerarquías y los limites permite la salida de la desconexión emocional y la fantasía de fusión, posibilita la reconexión emocional consigo mismo y la distensión necesaria para poder percibir los propios intereses vocacionales.

Viviana Sosman, psicóloga de la Universidad Diego Portales, especialista en adolescentes.

Posteado por PuntoMujer el 10:02 AM | Comentarios (1)

Octubre 12, 2007

Sabores de Oriente

El viaje que realicé a Medio Oriente, específicamente a Egipto, fue una experiencia que no voy a olvidar nunca, desde el principio hasta el final. De partida, la llegada al aeropuerto de El Cairo fue asombrosa. De inmediato pude ver a las mujeres tapadas con velos negros que sólo dejaban ver sus ojos y a los hombres de túnica blanca; era como en las películas. El olor también ya era algo diferente y el calor para qué les cuento; era insufrible.

Llegamos a un hotel muy bonito y pensé que había llegado al paraíso. Todos eran muy simpáticos y para mi sorpresa, muchos hablaban español así que no fue difícil comunicarnos.

Con nuestras ansias de salir a descubrir este mundo nuevo dejamos las maletas y fuimos al Mercado de El Cairo, pero no contemplamos que era viernes y este es un día de rezo.

Llegamos a las afuera del Mercado y la gente rezaba, nuevamente me sentí como en una película increíble. Nosotros de turistas y los egipcios moviéndose al compás de una persona que los guiaba por micrófono. Realmente una belleza, aunque para serles sinceros, me dio un poco de susto.

Entramos y la cantidad de cosas que ofrecen es una locura. Ahí sí que existe el regateo; puedes pasar de 1000 a 6 sin ni un problema. Es un poco cansador pero divertido.

Bueno, para mí ,como chef, fue toda una experiencia: especies por doquier, cosas que nunca he visto ni he probado, aliños de colores indescriptibles.

Decidimos entrar a comer aun restorán típico del mercado. Para nuestra sorpresa había un grupo que tocaba música de la región y gente a su lado fumando en pipas gigantes de agua con tabaco. Mi asombro llegó al máximo.

El restorán estaba metido en una especie de cueva antigua. La música y el humo hacían del ambiente algo indescriptible. Nos sentamos en una mesa y nos trajeron un pan muy rico y especiado. Todo se comía con la mano y para mí, así es la mejor forma de disfrutar la comida.

En la carta habían muchas cosas deliciosas: pescados del Nilo, cordero, pollo, etc. Pero lo que más me llamó la atención fue los jugos naturales. Me tomé uno de hibiscos. Sí, tal como lo escuchan. Nunca en mi vida se me hubiera ocurrido hacer o crear un jugo proveniente de una planta o que se hace a partir de limones asados, simplemente extraordinario.

A lo que quiero llegar, es hacerlos reflexionar sobre lo que más me sorprendió: que las cosas que se ven simples son, muchas veces, más complejas de lo que uno piensa...

Saludos, Rai.

Raimundo Tagle, chef del Rai.

Posteado por PuntoMujer el 10:23 AM | Comentarios (1)

Octubre 08, 2007

La madre suficientemente buena

Cada vez se hace más necesario que las madres se den cuenta de lo importante que es hacerse cargo de su condición humana e imperfecta. Un concepto que ayuda mucho, es el del psicoanalista inglés, Donald Winnicott, quien describió “la madre suficientemente buena” como aquella que no aspira a ser perfecta ni la mejor, sino que acepta sus limitaciones, está disponible para su hijo, pero no de forma incondicional, pues es capaz de poner límites y decir ahora me toca a mí.

Aunque hoy en el discurso está más incorporado el poder equivocarse como mamá, las mujeres en su rol materno se siguen sintiendo muy exigidas. Quieren que sus hijos sean sanos físicamente, estén bien emocionalmente, se desarrollen socialmente, tengan buenas notas, estén contentos, etc. Y si esto no sucede, rápidamente se sienten muy culpables.

A las madres les cuesta aceptar que tanto ellas como sus hijos, y los papás de los hijos, cometen errores y tienen faltas, condición propia del ser humano. Pareciera que el ser “mejor mamá” pasa por aceptar con humildad que los seres humanos aprendemos de la experiencia y para ello es necesario sobrellevar amorosamente los errores y las caídas como parte del aprendizaje.

Es muy frecuente ver en la consulta que tanto las madres como los hijos se sienten muy culpables por no estar cumpliendo con los ideales sociales de sus respectivos roles, ambos se siente exigidos de cumplir con patrones de excelencia y eso genera mucha frustración y angustia. Pareciera que piensan que existen ciertos patrones que establecen cómo es la buena madre de un adolescente. Las madres buscan calzar este formato, en vez de ir poco a poco encontrando lo más propio de esa dupla madre-hijo, pues con cada hijo la relación es diferente. Cada dupla madre- hijo y familia tiene su estilo y su propio ritmo.

No hay una manera única de relacionarse con los hijos adolescentes, se trata de una construcción lenta que es necesario ir armando poco a poco, para ver como van calzando las piezas del puzzle. Entenderse con el adolescente requiere tiempo. Ahora esta búsqueda, pasa por equivocarse y juntos ir aceptando las limitaciones de la relación.

La madres no siempre están del todo disponible para los hijos, más ahora, que trabajan. Esto puede ser un plus para la relación con el adolescente. Se trata de una madre con limitaciones, que tendrá que priorizar. Debe ir aceptando que no le será posible hacerse cargo de todo y aquí es fundamental pedir al papá que también tome responsabilidades en la relación con los hijos.

Los asuntos prácticos son importantes, pero no deben estar por sobre la importancia de vincularse. Darse tiempo para estar juntos, por ejemplo comer todos en la noche para que haya espacio para conversar. A lo mejor ese es el tiempo para estar y como es poco es importante aprovecharlo bien.

La madre suficientemente buena a veces falla, no tiene todo el tiempo que quisiera, pero esta frustración puede ser fuente de creación para los hijos y la relación; siempre y cuando esta falla no sea abandono. El adolescente aunque este en su pieza encerrado y aparentemente sin importarle si la mamá está o no necesita saber si ella está disponible por si la necesita. No le es indiferente su presencia o ausencia, lo mismo la del padre. Ahora bien hay muchas maneras de estar accesible para los hijos, cada madre irá elaborando su propia estrategia desde sus posibilidades.

Viviana Sosman, psicóloga de la Universidad Diego Portales, especialista en adolescentes.

Posteado por PuntoMujer el 10:07 AM | Comentarios (6)

Octubre 05, 2007

¡Bienvenida primavera!

Atrás están quedando los fríos días de invierno de este año, donde lo único que queríamos era llegar a la casa y tomarnos un rico té, bien calentito o una sopita para calentar el cuerpo. Tanto nos costaba salir de noche que preferíamos ver una buena película, con buena compañía por supuesto, o pasar el fin de semana en cama, pidiendo algo de comida a domicilio, sin pensar que por estos meses nos estaríamos arrepintiendo de todas esa glotonerías de invierno.

Ahora los días son más cálidos, se respira otro aire, las personas tienen otro ánimo, te levantas en la mañana mirando la vida de otra manera. También empiezan a cambiar los hábitos alimenticios, empezamos a prepararnos para las merecidas vacaciones, vamos al gimnasio y por sobre todo empezamos a comer mucho más sano. Nos preocupamos diariamente de hacer una dieta más balanceada, dejamos atrás el sedentarismo y la dieta hipocalórica que hacemos en los meses fríos.

Por estos meses empiezan aparecer frutas y verduras características de esta temporada, como las piñas, las frutillas frescas, arándanos, moras, frambuesas, acelgas, apio, habas, puerros y nabos. También comenzamos a comer más ensaladas y tomamos más agua.

En mi cocina ya nos estamos preparando para todos los nuevos gustos de esta temporada y estamos trabajando en nuestra nueva carta de verano, que incluirá muchas ensaladas, pescados y mariscos, como de costumbre. Estoy preparando a full la carta para que comience antes de diciembre. He pasado muchos días y noches en vela, mezclando ingredientes en mi cabeza para que esta nueva carta sea mucho más llamativa que las anteriores y para que las personas que vienen al Rai tengan más que comentar sobre los nuevos platos.

Además, por estos días abrimos la terraza, que es un lugar muy acogedor y tranquilo, con las rosas que están floreciendo y la cerca de coligue que es tan característica del Rai. Espero verlos pronto…

Saludos, Rai.

Raimundo Tagle, chef del Rai

Posteado por PuntoMujer el 10:00 AM | Comentarios (1)