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Enero 25, 2008

Necesito un doctor

La otra vez tuve un día colapsante. No sé en qué minuto dejé de preocuparme de mí; como de mi alimentación. Tanto por el ritmo de vida que llevo o por las pocas horas que duermo. Sé que a mucha gente le pasa lo mismo y no se detiene a ver qué le está pasando y yo era uno de esos tantos.

Pero ese día que colapsé decidí ir a ver un médico, pero no cualquier medico. No es que no me guste la medicina tradicional pero creo más en la alternativa. Entonces me dieron el dato de una doctora que te ve a través del iris del ojo las posibles dolencias y te medica remedios naturales (homeopatía).

No les mentiré que mi escepticismo era grande pero cuando me vio los ojos y me dijo lo que tenía, quedé muy asombrado. Lo primero que mencionó fue que me alimentaba muy mal, que comía puras porquerías y que no podía entender que fuese chef. Lo segundo era que el estrés que tenía era demasiado debido al movimiento del restorán: la gente, los bancos. O sea, todo lo que para mí es muy cotidiano.

También me habló sobre el trasnoche y el tema de los tragos fuertes, que son muy malos para mí en estos minutos. No digo que sea malo para todo el mundo, así que me dijo que el vino era una muy buena alternativa, que sus bondades eran insuperables.

Al parecer me había relajado mucho y no me había preocupado nada de mí y de mi salud. Tengo 30 años recién cumplidos y ya me tengo que cuidar. Esto se debe a que en realidad soy un gozador; me encanta comer rico y disfrutar comiendo, creo que a todos nos gusta eso pero al parecer hay que cuidarse un poco. Todo se puede hacer pero sin excederse y sé que es muy difícil pero se puede lograr.

También la doctora me encontró con varios kilos de más y eso sólo se debe a mi descuido. Bueno, la conclusión es que no me debo dejar estar y debo alimentarme mejor. Sé que mucho he escrito sobre las bondades de las frutas y verduras pero como dice el antiguo dicho: “En casa de herrero cuchara de palo”. Por Dios que es cierto.

Pero bueno, desde ayer mi vida ha cambiado. No digo que me convertiré en vegetariano o macrobiótico sino que voy a cuidarme más.

Espero que todos ustedes se cuiden y no estén como yo ahora comiendo como un pajarito (ja, ja, ja).

Les mando un abrazo y disfruten sin excesos que hasta el amor en exceso hace mal (ja, ja, ja).

Saludos, Rai.

Raimundo Tagle, chef del Rai.

Posteado por PuntoMujer el 10:24 AM | Comentarios (8)

Enero 22, 2008

Capacidad para conocer y esperar

Estamos en una sociedad en la que los mensajes apelan a la gratificación sensorial y sensual a través del consumo. Se resalta lo brillante, lo rápido, lo nuevo, el cambio. Lo lento se bota y lo estable se descarta. Domina lo resuelto, lo fácil, lo eficiente. Se busca el goce y la inmediatez, en oposición con el esfuerzo y la gratificación del logro paso a paso.

Existe una tremenda exigencia de triunfo permanente, los avances tecnológicos permiten que uno, sin moverse de su casa, pueda comunicarse con personas del otro lado del mundo, lo que implica un enorme avance en velocidad de la comunicación por un lado, pero un cambio importante en cuánto nos enteramos y sabemos del otro.

Detenerse para mirar a otro, distinto, separado de mí, implica por un momento dirigir la mente, detenerse, parar. Calzar zapatos ajenos, ya sea de un hijo, una pareja, un colega requiere esfuerzo mental. Escuchar detenidamente a otro sin inundar con lo propio, implica saber esperar, darse el espacio para sintonizar con ‘el’ alguien diferente, distinto de mí. La tendencia automática es casi no escuchar y suponer lo que el otro siente y piensa, pasando por alto los aspectos ajenos del interlocutor.

Queremos tener las respuestas a la mano para no hacernos cargo de lo que implica no saber, la falta de certeza nos angustia. Desconocer y desde allí ir construyendo una respuesta con propiedad y sustancia requiere la confianza interna: de a poco el puzzle se arma.

Conocer y saber de otro y de nosotros mismos toma tiempo, a veces queremos crecer y llegar al final de la escalera sin darnos el espacio y tiempo de realizar el proceso que implica subir escalón por escalón.

Subir muy rápido puede ser peligroso, se necesita paciencia para llegar ahí donde creemos que queremos estar. Detenerse en un escalón a reflexionar y pensar puede ser una importante inversión, pero estamos tan apurados que se nos olvida disfrutar el transitar de una etapa a otra.

Ir re-conociendo y re-elaborando lo que queremos, en estos tiempos tan apurados, es una lucha contra la corriente de una sociedad que nos empuja a hacer y hacer sin detenernos reflexionar.

Viviana Sosman, psicóloga de la Universidad Diego Portales, especialista en adolescentes.

Posteado por PuntoMujer el 02:40 PM | Comentarios (4)

Enero 18, 2008

Salir a comer afuera

Qué rico es salir a comer afuera en esta época, ya sea en el patio de la casa o en un restorán. Digo que también es rico salir a la terraza de la casa, en donde te puedes sentar a disfrutar de un rico vino blanco de aperitivo o, también, no podemos olvidar que somos los campeones del pisco sour, del cual creo que existen por lo menos unas mil formas de hacer. Yo lo he probado en distintas partes y de variadas formas, pero igual creo que el que cada uno prepara en su casa es el más rico.

Si eso lo acompañamos de un aperitivo casero -porque por lo general uno siempre tiene algo en el refrigerador, por ejemplo, un queso crema, que se puede mezclar con un poco de salsa de soya, que ahora es un ingrediente que no falta en ninguna casa-, mucho mejor.

También existe otra opción: uno por lo general siempre tiene alguna verdura guardada en la casa, ya sea zanahoria, pepino, apio o coliflor. Se pueden cortar en bastones y acompañarlas con mayonesa con alguna especie o con yogurt blanco con sal, limón y aceite de oliva; y queda una salsa muy rica y muy light (ja,ja,ja). Por lo general, me gusta estar en casa, tranquilo y si estoy bien acompañado, mejor aún.

Me encantan los asados. No sé si alguna vez habrán hecho un asado de verduras, ya que muchas veces la carne está a precios inalcanzables y cuando no tengo para comprar carne, o quiero hacer otra cosa, compro verduras, como champiñones y trato que sean bien grandes para que no se caigan por las rejillas de la parrilla. También compro berenjenas, las que pongo con piel y todo a la parrilla y una vez que están listas, las parto por la mitad y les coloco un poco de aceite de oliva con merquén y quedan deliciosas. Se puede hacer lo mismo con tomates y zapallos italianos. El brócoli a la parrilla también es exquisito y mi nuevo descubrimiento son los choclos a la parrilla, en su misma hoja y se dejan hasta que ésta se queme, es una verdadera delicia. Eso si, es mejor estar con gente conocida ya que los choclos se quedan pegados por todos los dientes y puede ser muchas veces algo incomodo.

Bueno, se dieron cuenta que salir a comer a fuera es muy rico y barato (ja, ja, ja).

Saludos, Rai.

Por Raimundo Tagle, chef del Rai.

Posteado por PuntoMujer el 10:06 AM | Comentarios (1)

Enero 15, 2008

Las razones para tener pocos hijos

Tal vez esperan escuchar de un abogado un análisis jurídico del problema. Pues bien, siendo que me dedico a la filosofía del derecho, comprendiendo el derecho como una parte de la moral que rige las relaciones entre personas en sociedad según la virtud de la justicia, pretendo más bien realizar un sencillo análisis ético. Y ya que hablaré de ética, conviene advertir que mi discurso será “políticamente incorrecto”: hablaré de cosas para algunos desconocidas, para otros sabidas, aceptadas y aplicadas; para otros sabidas, rechazadas y jamás cumplidas. Como sea, surgirá incomodidad. Con todo, ya que apenas soy conocido en mi casa, no tengo fama alguna que cuidar así que bien puedo asumir el riesgo.

Sobre esto, algunos supuestos para la debida honestidad intelectual: asumo que existe una sola y única moral objetiva, que el hombre la puede alcanzar con el uso de su razón natural; por lo mismo, que no es necesaria la fe para acceder a ella; lo más importante, que el actuar conforme a esta moral es, por lejos, la mejor decisión que pueda tomarse: no solo es la más racional, sino la que conduce a la mayor perfección y plenitud.

Se me ha pedido hablar sobre las causas de la baja en la natalidad. Son muchas, de distintos géneros. Conforme a mi dedicación profesional, la alternativa coherente sería analizar las “cuatro causas” del fenómeno: su causa material, formal, eficiente y final. Siendo tan breve el tiempo, optaré por la causa final: el motivo que mueve el obrar.

La razón es simple: la baja en la natalidad no es un fenómeno abstracto o virtual, tampoco un ente de razón o simple idea. Es un efecto concreto de decisiones humanas verificadas en una sociedad. Tratándose del resultado de actos humanos, me interesa analizar brevemente cuál es el fin que mueve a la voluntad para producir este resultado.

Para esto, y en vista de que el fenómeno es muy amplio, tomaré un marco de referencia que me permita acotar el análisis. Así, hablaré sobre el o los motivos por los cuales un matrimonio o pareja joven decide voluntariamente no tener hijos o tener muy pocos. Me parece que es un marco adecuado, sobre todo si coincide con la experiencia de mi generación: jóvenes de hasta 35 años, con máximo 10 años de matrimonio.

Vamos al desarrollo:

¿Cuáles son los motivos por los que parejas y matrimonios jóvenes optan por no tener o tener muy pocos hijos? Hay de todo, pero dejaré fuera los extremos: egoísmo sin medida, narcisismo, desinterés, tontera. Me referiré a los motivos que conozco de cerca. Los de personas con buena situación económica, profesionales, con trabajo estable, católicos practicantes. Respecto de ellos, solo puedo constatar buenos motivos y buenas intenciones: ser los mejores padres posibles, dar a los hijos lo mejor posible. No obstante, como pasa en todo acto humano, la buena intención no basta para que el acto también lo sea. Veo que se quiere ser padre responsable. Aquí llego al concepto clave: “paternidad responsable”.

¿Qué es la paternidad responsable? Algo MUY distinto de lo que se cree, se piensa y se vive. Se cree, piensa y vive la paternidad responsable como una falsa prudencia: así como se asocia esta virtud a una actitud fría, calculadora, incapaz de asumir desafíos y riesgos sean cuales sean las circunstancias; así también se encasilla la paternidad responsable en bien intencionados criterios materialistas y se la reduce a la ausencia de riesgos y complicaciones: mientras menos problemas, más posibilidades para, en algún momento, dar más y mejor.

Siguiendo esta premisa, es común escuchar frases como las siguientes: primero hay que estar bien uno para luego poder entregarse a otro; acabamos de empezar nuestra vida en común, necesitamos “afianzarnos como pareja” para dar a nuestros hijos la seguridad de nuestro amor; hace poco que encontramos trabajo, hay que afirmarse profesionalmente; para lo mismo, hay que estudiar fuera –sin estudios de postgrado no eres nadie-; la vida afuera es carísima, mejor esperar; todo esto para dar a nuestros hijos un buen pasar, una buena educación, una linda casa: seguridad material.

Nada de esto es per se contrario o incompatible con la paternidad responsable; pero nada ello, ni todo ello junto, constituye la verdadera paternidad responsable. Se ve una ansia de seguridad desmedida, aunque –insito- bien intencionada: la situación tiene que estar segura: matrimonial, profesional, laboral, incluso social. Con ese piso, vengan entonces los desafíos.

Pero, como bien decía C.S. Lewis, la vida nunca es normal y las circunstancias favorables jamás llegan. Si la prudencia tiene como base el reconocimiento honesto y objetivo de la realidad, salta a la vista que esta falsa prudencia y mal entendida PR tiene como antecedente una equivocada e ilusoria visión de la realidad, tanto interna como externa: interna, al no reconocer la radical diferencia entre generosidad y egoísmo solapado. Externa, al confundir los vaivenes propios de la contingencia con graves inconvenientes y, así, justificadas excusas.

Esta falsa apreciación de la realidad produce, tal vez no en el discurso pero sí en los hechos, una mentalidad cerrada a la vida. Podrá decirse que exagero, ya que igual existen nacimientos. Pero este resultado no es producto de una disposición permanente a recibir con generosidad y responsabilidad los hijos que Dios quiera donar.Y, en caso de que alguien se espante porque he nombrado a Dios, aclaro: siguiendo con la honestidad intelectual, asumo la existencia de Dios como una verdad demostrable por la razón natural, lo miso respecto del alma humana; así, también, respecto a la necesaria intervención divina en la creación de una nueva vida, siendo Dios el autor y los padres sus colaboradores como co-creadores, sin que por ello puedan reclamar ningún derecho a tener hijos.

Aquí está la diferencia radical: como ya he dicho, ninguno de los motivos señalados es per se malo y contrario a la paternidad responsable; lo son cuando impiden esta disposición permanente: la constante apertura a la vida.

No pretendo entrar al detalle sobre en qué consiste realmente la apertura a la vida. Ésta no se reduce a no separar jamás la doble finalidad –unitiva y procreativa- del acto sexual. Cierto que es eso, pero no solo eso: ante todo, consiste en la expresión natural del amor entre los esposos. Un simple argumento: el amor –verdadero- es un bien, y todo bien es perfectivo. Así, todo amor tiende de suyo a la trascendencia: comunicarse, compartirse. Hay muchas maneras de compartirlo, y ciertamente unas mejores que otras. Siguiendo a Aristóteles, es mejor aquello a lo cual una potencia tiende intrínsecamente que a lo que tiende extrínsecamente. Luego, si el acto sexual es el acto de mayor comunión entre los esposos, y este tiende de suyo a la generación de una nueva vida, será esta vida –el hijo- el reflejo trascendente y más propio del amor esponsal.

La generosidad es la clave: si bien es inseparable el amar a otro con el amarse a uno mismo, nadie duda de que el amor egoísta no es verdadero amor. Por eso es que la apertura a la vida, reflejo de generosidad permanente, no es otra cosa que signo de la calidad y perfección del amor, el “termómetro” de la calidad del amor. La apertura a la vida en las relaciones conyugales, explica Juan Pablo II, protege la autenticidad de la relación amorosa, salvándola del riesgo de descender al nivel de simple goce utilitario; garantiza la donación completa e irrestricta entre los cónyuges, cada uno con todo su ser, incluyendo su potencia generativa; por esto el amor, si es verdadero, tiende por su propia naturaleza a ser fecundo; el amor da vida en el acto de aprobar alegremente la existencia del otro; así también tiende a dar vida a otro cuya existencia se acepta siempre, permanentemente, sea que se materialice o no.

Y es que estar “abiertos a la vida” no significa necesariamente tener todos los hijos que lleguen. La paternidad responsable es la decisión en conciencia de los esposos de recibir un mayor número de hijos o, por serios motivos y respetando la moral natural, evitar un nuevo nacimiento por un tiempo o por un tiempo indefinido.

Pero tales razones no pueden ser banales. Deben existir "graves motivos" (HV, 10), o "razones justificadas" (CIC, 2368), que hagan aconsejable el retraso de un nuevo nacimiento. No es suficiente, por tanto, un superficial convencimiento subjetivo; los padres "deben cerciorarse de que su deseo no nace del egoísmo, sino que es conforme a la justa generosidad" (CIC, 2368). De ahí que "la paternidad responsable se pone en práctica ya sea con la deliberación ponderada y generosa de tener una familia numerosa, ya sea con la decisión, tomada por graves motivos y en el respeto de la ley moral, de evitar un nuevo nacimiento durante un tiempo o por tiempo indefinido" (HV, 10).

Tener en cuenta estos factores hace que el juicio de los esposos sobre la decisión de transmitir la vida posea como notas fundamentales: a) ser el resultado de una deliberación ponderada y generosa; b) estar realizada personal y conjuntamente por ellos: esa decisión no se les puede imponer (tampoco uno de los esposos al otro); c) ser objetiva, es decir, no basta la sinceridad de la intención; e) ser guiada e informada por la conciencia rectamente formada, en una jerarquía de valores correcta: primero generosidad y justicia, no comodidad, materialismo, egoísmo, hedonismo y otros “ismos” por el estilo.

Dije en mi introducción que no existe mejor decisión que libremente seguir la ley moral natural; que conforme a ella se alcanza la mayor plenitud. Y los hijos confirman este razonamiento con una claridad irrefutable: los hijos llevan a los padres a superarse, porque para educar a un hijo hay que, primero, auto exigirse; los hijos unen y afianzan el matrimonio: los sacrificios a que obligan permiten formar hábitos de renuncia que permiten mayor donación entre los cónyuges; los hijos fortalecen la voluntad de hombre y mujer, ahora papá y mamá.

Y todo lo anterior es mayor cuanto mayor sea el número de hijos: la suma es cualitativa, no meramente cuantitativa. Cierto que el número no es, por sí sólo, el elemento que determina la generosidad de los esposos; bien puede ocurrir que en justicia y generosidad corresponda que la familia sea pequeña. Pero a la vez es claro que una de las manifestaciones de la generosidad de los esposos es una descendencia numerosa.

El Papa Pío XII decía de las familias numerosas: en los hogares donde hay siempre una cuna que se balancea florecen espontáneamente las virtudes... En una familia numerosa, en la crianza de los niños, casi naturalmente se incentivan virtudes como el respeto, generosidad, simpleza, orden, el ser sociables, el ser medidos y la responsabilidad. La familia es como una carreta en donde todos deben tirar y los hermanos mayores tienen ciertas obligaciones, como transmitir las normas y costumbres familiares y dar buenos ejemplos, orientar en distintas áreas a sus hermanos, en estudios, amistades tiempo libre y desde luego buenos consejos.

Pero subsiste el innegable problema económico. Pues bien, se olvida que, aún en la abundancia, la pobreza es una virtud; que dándole de más a un niño se le causa daño, no un bien. En las familias numerosas es casi imposible darles de más. Mantener a un hijo no es darle todo, es darle lo necesario para que viva dignamente, crezca sano, tenga acceso a la escolaridad y además, que reciban formación espiritual. No es cierto que se hace más feliz a un hijo al proporcionarle más juguetes que hermanos. Si Dios me da años, personalmente no quiero llegar a viejo y escuchar a mis hijos darme las gracias por las cosas que les compré...

Y sobre educación: es más difícil, porque 4 es más que 2. Las matemáticas son duras. Pero sabemos que el establecimiento educacional, por bueno que sea, cumple un rol subsidiario en la formación de la persona; y que toda la educación de calidad no es condición suficiente, ni menos causa eficiente, de felicidad y perfección personal. Si el ánimo de los padres es que sus hijos sean felices, se equivocan si apuestan todo, o casi todo, a una buena educación.

Y resta el prejuicio social: nada más contingente y variable, pero es innegable que hace fuerza en la inteligencia y voluntad de muchos. Pero los hechos notorios no necesitan argumentos: las familias numerosas suelen ser, salvadas las inevitables excepciones, por lejos las más alegres -aunque quizá dispongan de menos cosas materiales-; una casa con muchos hijos es centro de atracción de amigos y amigas que explícita o inconscientemente reconocen que ahí, simplemente, hay más vida, en todo sentido.

En síntesis, la familia numerosa es, sin duda, fuente de problemas y complicaciones. No puede ser de otro modo: quien más ama siempre está expuesto a sufrir más. Es ley de la vida; como tal, norma de plenitud.

Con esta idea voy concluyendo: son buenos y muy bien intencionados los motivos por los cuales mi generación no tiene o tiene muy pocos hijos, pero es grande y grave la ignorancia que subyace a esa voluntad. Por querer hacer un bien se privan de un bien muchísimo mayor; por ser generosos se vuelven egoístas; por cerrarse a la vida contradicen y muchas veces ahogan y matan su amor; por ser prudentes se transforman en pusilánimes –¡cuando la sociedad pide a gritos magnanimidad!-.

De ahí que lo políticamente correcto –no entendido como confirmación del lugar común, sino como aquello que la polis necesita porque el bien común lo reclama- pueda resumirse, a efectos de revertir la baja en la natalidad, en dos palabras: Generosidad y responsabilidad. Ambas son virtudes, no metros cuadrados, puestos de trabajo, viajes al extranjero, masters, doctorados ni saldos en cuentas corrientes. Y como virtudes, iluminadas y dirigidas por la prudencia, jamás se oponen: entre verdaderos bienes no cabe contradicción. Por ello, una responsabilidad materialista –por tanto mal entendida- más temprano que tarde anula la generosidad; ya no estamos frente a virtudes, sino frente a vicios. La paradoja no es nueva: “quien guarda su vida la pierde, quien la entrega la encuentra”. Esta es mi idea final: si eliminada la causa desaparece su efecto, es tiempo de volver a encender en mi generación, y en las que vienen, el ánimo por las cosas grandes, la generosidad responsable a través de la apertura a la vida y la formación de familias numerosas, verdaderas bendiciones de Dios.

Por Álvaro Ferrer del Valle, abogado y profesor UC.

Posteado por PuntoMujer el 10:00 AM | Comentarios (25)

Enero 14, 2008

Prevención para una sexualidad sana

La educación afectiva y sexual puede ser una oportunidad de conversar sobre los temas de interés de los adolescentes, una ventana para dialogar, no la sola entrega de información.

Los adolescentes necesitan padres que les dejen espacio suficiente para crecer, que les permitan hacerlo a su propio ritmo y estén cerca, sin agobiar.

Como hemos hablado en columnas anteriores, la educación afectiva y sexual es fundamentalmente un proceso basado en el día a día, comunicarse acerca de estos temas con naturalidad al ritmo que los adolescentes necesiten. Apoyarse en ejemplos: libros, revistas, videos; otras veces, simplemente aprovechar las oportunidades tal como se presentan a causa de un comentario, a raíz de una película o programa de TV. Así se puede aprovechar la ocasión para hablar de la sexualidad como algo cotidiano.

Las relaciones sexuales forman parte del desarrollo normal del adolescente, de su bagaje de experiencias y de su progresiva construcción de un mundo adulto.

Evidentemente, estas relaciones pueden ser vividas con inquietud por padres y madres que temen fundamentalmente por la posibilidad de que sus hijos o hijas sufran experiencias físicas o emocionales que influyan negativamente en su vida personal y familiar. El temor es muy válido, pero la vacuna no consiste en intentar aplazar o evitar las relaciones sexuales. El asunto pasa por favorecer que, cuando éstas se produzcan, los adolescentes dispongan de criterios y orientaciones suficientes para incorporar armónicamente la experiencia sexual a su mundo personal.

La falta de reconocimiento o la oposición ante la posibilidad de que los adolescentes mantengan relaciones sexuales, tiene en general como consecuencia que los adolescentes no cuenten de su vida sexual y lo hagan a escondidas. El encuentro sexual se da en un entorno angustioso sin la tranquilidad y seguridad necesaria.

Para un número importante de adolescentes, la practica sexual, no revierte en satisfacción, sino que genera insatisfacción y angustia. Se sienten muy culpables y con la sensación de estar decepcionando a sus padres.

Existen una serie de factores que influyen en la actitud de los adolescentes hacia la sexualidad. La ilusión de algo bueno, puede tornarse en una experiencia frustrante e, incluso, traumática. Las consecuencias de esto pueden derivar a mediano y largo plazo en disfunciones sexuales, sentimientos negativos hacia la sexualidad, falta de deseo.

Es muy importante fomentar la responsabilidad bien informada, es decir ayudar a los adolescentes a desarrollarse como personas capaces de tomar decisiones razonables, por medio del diálogo y el conocimiento; considerando la necesidad que tienen los adolescentes de vivir y expresar su sexualidad como parte de su desarrollo y crecimiento.

Viviana Sosman, psicóloga de la Universidad Diego Portales, especialista en adolescentes.

Posteado por PuntoMujer el 11:23 AM | Comentarios (5)

Enero 11, 2008

Un verano ultra caluroso

Hace un par de años viajé por Grecia en verano y nadie me advirtió que el calor en esa época era infernal. Literalmente, un verdadero infierno. Por ejemplo, cuando uno se subía al metro quedaba mojado de pies a cabeza.

Tuve la posibilidad de visitar la Acrópolis, que queda en un valle muy bonito pero en las postales no sale que hay que subir un cerro entero y a 46º de calor, lo cual no es muy agradable. En esa caminata me encontré con un montón de puestos de comida y de refrescos y como la caminata era un poco pesada decidí tomarme un tiempo y sentarme a comer y tomar algo para apaciguar ese calor infernal.

Luego llegó un mesero muy simpático y me mostró una carta en inglés (el griego no se entiende nada). Pedí un para de cosas para tomar y algo para picotear y trajeron unas cervezas muy buenas para el calor y para picotear, unos quesos Feta con aceitunas en aceite de oliva y orégano fresco. También unos kebaps.

Realmente descubrí sabores extraordinarios. El mesero nos contó que las aceitunas las encurtían ellos mismos y que era una tradición familiar fabricar su propio aceite de oliva; tenían un molino de piedra con el que hacían sus preparaciones.

Al ver que la gente era tan amable decidí comer el tan famoso plato griego Musaka que es a base de berenjenas. Lo había probado en otras partes y creo que no estaban ni cerca de lo que comí ese día. Lo acompañé con vino griego y me causó una gran sorpresa saber que existían tantas y diferentes variedades de tan buenos vinos.

Pero aún me quedaba subir la Acrópolis y después de tal festejo y tan buen elixir el calor se convirtió en un mero detalle.

Al llegar a la cima del cerro, ni la luz ni el calor eran los mismos; ya atardecía y comenzaban a prenderse las luces artificiales con lo que queda a la vista un lugar realmente sobrecogedor. Entonces se vienen a la mente un montón de preguntas: cómo lo hicieron y en qué se inspiraron para construir semejante belleza.

Si pueden viajar hacia allá se los recomiendo ya que realmente es impresionante. Que hace mucho más de 1000 años existía gente que tenía un concepto de vida tan grandioso y que actualmente sigamos sorprendiéndonos. Y que las técnicas de elaboración de sus productos, como el aceite, la masa filo, etc., se mantenga intacto…

De todas formas pienso que por qué habría que disfrutar eso afuera si en nuestra tierra tenemos lo mismo y a lo mejor mucho mejor. No sabemos mucho ni de nuestra cultura ni de nuestros antepasados.

En fin, son sólo reflexiones y pueden tener algo de envidia o de ignorancia.

Saludos, Rai.

Raimundo Tagle, chef del Rai.

Posteado por PuntoMujer el 09:53 AM | Comentarios (3)

Enero 04, 2008

Es verano, ¡a disfrutar!

Al fin ha llegado el tan esperado verano. Se vienen días muy calurosos, de despertarse temprano por el calor, lo que impide dormir más de lo necesario. O noches templadas que permiten tomar algún aperitivo en la terraza de la casa o en el balcón del edificio.

Lo que más me gusta de esta época es que las frutas y verduras son insuperables. No hay nada más rico que despertar en la mañana y tomarse un buen jugo de fruta natural o tener en el refrigerador frutita picada para poder comer cuando uno quiera.

En relación a las preparaciones que se pueden hacer en esta época, son variadas, como mezclar frutas con verduras en las ensaladas; una combinación muy refrescante.

Les puedo recomendar, para disfrutar más aún las bondades de la naturaleza, por ejemplo, tener en el refrigerador de la casa un jarrón de agua pero con la variante de meterle unas rodajas de pepino lo que le da un frescor muy agradable. También se puede hacer una rica limonada pero con la piel del limón y mucho pero mucho hielo y se puede servir en copas de margarita y resulta un aperitivo excelente.

En relación a la mezcla de frutas con verduras hay combinaciones insuperables, como mezclar naranjas con espinacas o frutillas con lechugas o con brócolis no muy cocidos, sólo blanqueados.

Otra de las frutas que pueden ser un muy buen elemento es la piña mezclada con betarraga cruda y un poco de mayonesa casera con yogurt griego o natural, es muy pero muy rico.

Otra fruta muy refrescante y poco utilizada en preparaciones es el melón, que se puede comer frío o caliente y en lo personal, se los recomiendo a la parrilla: lo colocan sólo por algunos minutos y verán el resultado, es algo extraño pero muy sabroso.

Lo otro que les puedo recomendar para acompañar alguna carne o pescado es el zapallo pero hecho mermelada; se hace igual que una mermelada pero se deja en trozos grandes y se sirve de acompañamiento.

Lo que también es realmente muy rico a la parrilla y sirve como un acompañamiento muy fino y delicado es el durazno, el que se transforma en un puré muy delicado. En lo personal lo utilizo como un falso Foi de pato, este fue un descubrimiento de este año y he quedado muy conforme.

Bueno, lo que les quiero decir es que se atrevan a sorprender a los suyos con estas combinaciones y lo mejor es que las frutas y verduras han bajado mucho de precio.

Saludos, Rai.

Raimundo Tagle, chef del Rai.

Posteado por PuntoMujer el 09:33 AM | Comentarios (0)

Enero 03, 2008

Qué difícil es hablar de sexualidad, ¿qué hacer?

En columnas anteriores he planteado que a los padres les resulta difícil hablar de la sexualidad con sus hijos. La sexualidad está presente desde el nacimiento y es un tema que no debe obviarse en las conversaciones, aunque cueste.

La educación afectiva y sexual no es una tarea programada, se va produciendo a medida que los hijos crecen. El hablar de sexualidad debe responder a las necesidades de los hijos, no a las de los padres.

Es importante hacerlo progresivamente, comunicarse acerca de estos temas con naturalidad al ritmo que los adolescentes necesiten, apoyarse en ejemplos: libros, revistas. Otras veces, simplemente aprovechar las oportunidades tal como se presentan: a causa de un comentario, a raíz de una película o programa de TV. Así se puede aprovechar la ocasión para hablar de la sexualidad como algo cotidiano.

Aquí un ejemplo: Susana, evita conversaciones con su madre y no sabe por qué le irrita la interacción con esta. “Ella como quien no quiere la cosa, me hace cada vez más preguntas sobre mi pololo, cuánto lo veo, qué hago con él, si nos juntamos solos o con otros amigos”, comenta.

En el trabajo terapéutico, descubrimos que lo que no le gustaba a Susana era sentirse presionada a comentar sobre su vida, como sometida a un interrogatorio. “No es que yo no quiera hablar de estos temas con mi mamá, incluso quizás me aliviaría que ella me preguntara directamente si tengo relaciones sexuales con mi pololo y me llevara al ginecólogo", agrega.

En la comunicación acerca de la sexualidad se requiere mucha delicadeza, porque los jóvenes necesitan hablar de ella, pero no sentirse invadidos. Es importante fomentar la responsabilidad bien informada, es decir, ayudar a los adolescentes a desarrollarse como personas capaces de tomar decisiones razonables, por medio del diálogo y el conocimiento.

Imaginemos un río en el que los padres están en una orilla y los hijos en otra, intentando hablar, pero sin poder hacerlo a causa de la distancia. Inventemos, también, que hay un puente entre las dos orillas. En general deben ser los padres los que tienen que dar el primer paso para cruzar. Recordar cómo se sentían cuando eran adolescente: con miedos, angustias, deseos. La necesidad de recibir información puede ayudar a cruzar el río empáticamente.

También genera un clima de confianza revelar experiencias propias. Los padres pueden contar sus vivencias sentimentales y sexuales, siempre adecuando la conversación a lo que los hijos puedan escuchar.

Si se crea un clima de tranquilidad y credibilidad, los hijos irán preguntando sus dudas y podrán aclarando temas y profundizando en la educación sexual. Esto permitirá no dedicar un día exactamente a hablar de sexo, sino considerar este tema como normal y sobre el que se puede hablar en cualquier momento que sea necesario.

Viviana Sosman, psicóloga de la Universidad Diego Portales, especialista en adolescentes.

Posteado por PuntoMujer el 03:26 PM | Comentarios (9)