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Mayo 16, 2008

El cliente perfecto

Antes que nada quiero aclarar que sin clientes y sin críticas, realmente, no tendríamos la posibilidad de estar escribiendo esta columna ya que no existiríamos; es una cadena, pero muchas veces, esa cadena se rompe con una facilidad muy similar a la del papel de arroz, ya que basta que algo no salga bien o que el ambiente de la mesa no sea el indicado para que se nos vuelva un infierno el servicio.

Muchas veces uno está preparado para todo, pero realmente hay ocasiones que nos sobrepasan. El otro día nos pasó; una mesa estaba de muy mal genio, el marido parece que había tenido un pésimo día y la señora, igual.

Uno detecta al minuto esas mesas y se pone una coraza de fortaleza ya que comienzan con un pisco sour que resulta no ser como el que ellos tomaron en Perú y se sienten ofendidos. Luego, el pan al ser de cacao -para poder variar un poco y marcar una referencia- lo critican por que el chocolate es para los postres. Se acerca una anfitriona a ver cuál es el problema y la señora, de una forma muy brusca y despectiva, insiste que el cacao es para los postres.

Uno, con los dientes muy apretados y una sonrisa más falsa que un billete de $3000, les dice que no hay ningún problema, que veremos qué se puede hacer y se avisa en la cocina que la mesa es un poco complicada, así que hay que ponerle más atención.

Piden los pescados de la carta y se les recomienda el atún que ellos comieron en su luna de miel en Isla de Pascua, y lo envían de vuelta porque está crudo en el centro. Uno como chef mantiene la sonrisa y lo cocina un poco más, sabiendo que no es la forma como se degusta, y salen los platos nuevamente. Para sorpresa mía, lo devuelven otra vez ya que el atún no está en su punto y mandan llamar al chef.

Me armo de valor y me dan una cátedra sobre la preparación del atún, el servicio y el pan de cacao, que los platos están fríos y así, un listado de detalles. Uno, como caballero, les pone atención y trata de solucionar todo ya que la mesa está un poquito cargada, y piensa que no será todos los días iguales.

Llega el momento del postre y en la carta se ofrece un creme brulle especial, especificando muy bien de qué se trata. Nuevamente, para mi sorpresa, me vuelven a llamar a la mesa: ellos habían estado en Francia y no era lo mismo; les explico lo de especial y que ni los productos ni la preparación son franceses y siempre con una sonrisa en la cara. Resumiendo, piden la cuenta, la pagan y se van.

Uno piensa que no van a volver nunca más ya que para ellos, claramente, fue la peor experiencia gastronómica, pero ¡surprise! pasan dos días y veo que entra la señora junto a su marido y toda su familia. Se convierten en una mesa para 10.

No lo podíamos creer. Si dos eran terribles, nos imaginábamos los 10 juntos. Pero otra vez nos sorprenden: a los 10 minutos de haberse sentado me llaman; él se levanta, les dice a todos que yo soy el chef, que cocino muy bien y que nunca había probado manjares más deliciosos. Les recomienda el atún con el centro crudo en el medio y luego les dicen no se pueden ir sin comer esa creme brulle que se prepara aquí que es de película. Definitivamente fue como esas historias de Condorito, cuando al final sale el ¡plop! En ese momento me acordé de lo que me dijo un chef en Europa: “cliente que se queja vuelve, cliente que no se queja, no vuelve”.

En verdad esto no es una crítica sino, más que nada, una muestra del valor con que debemos resistir, muchas veces, situaciones muy complicadas.

Saludos, Rai.

Por Raimundo Tagle, chef del Rai.

Posteado por PuntoMujer el Mayo 16, 2008 09:39 AM

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