« Abril 2008 | Principal | Junio 2008 »

Mayo 30, 2008

¡Qué frío que hace!

Es divertido… somos un país de extremos. Pasamos de la sequía a las inundaciones, del calor intenso a un frío que cala los huesos; si un volcán hace erupción, además se sale el río que corre debajo.

Sí, realmente somos muy extremos, somos malos para football, pero llegamos a la final de un torneo internacional y todos decimos que, en verdad, no éramos tan malos, sino que nos faltaba roce, jajajajaja.

En la gastronomía no es muy distinto ya que cada temporada es extrema. Si hace frío son necesarios los caldos, los cocimientos, las cazuelas y se nos olvidan rápidamente las ensaladas y las cosas light que hace pocos meses eran una regla.

El frío es un muy buen aliado para la gente antojadiza como uno, ésa que si siente frío ¡cómo no se va a comer un chocolatito!, que da energía…

Creo haber hablado de esto antes; cuando uno come mucho va poniéndose más ropa para disimular esos kilitos que se van haciendo notar, pero que quede claro, no hay nada peor que no darle gusto al cuerpo. Eso sí, hay que tener muy claras las consecuencias.

Y como somos un país de extremos no pasa nada, se puede subir y bajar de peso cuantas veces se quiera, siempre y cuando –repito- uno asuma las consecuencias.

En mi caso, yo me cuido un poquito, pero me permito comer las cosas que me gustan y no me prohíbo nada; como de todo, pero en menor cantidad. Y es que verán, no me van a decir que con el frío que hace no es rico almorzar una buena cazuela con mucho cilantro y luego un chocolatito para endulzar la vida.

Eso es un verdadero placer. ¡Qué rico! Por eso, a disfrutar del frío que parece que se va a quedar por un muy buen rato y acuérdense que somos un país de extremos jajajajajajaja….

Saludos, Rai.

Raimundo Tagle, chef del Rai.

Posteado por PuntoMujer el 09:51 AM | Comentarios (0)

Mayo 26, 2008

La sexualidad según la edad del joven

Para poder entender la sexualidad de los adolescentes, es necesario tener en cuenta las distintas manifestaciones de ésta dependiendo de la etapa en que se encuentre el joven.

La primera etapa de la adolescencia es la etapa puberal entre los 10 u 11 a los 14 años aproximadamente; se denomina así porque coincide cronológicamente con los cambios físicos corporales, caracterizado por la producción de hormonas sexuales, que despiertan el deseo sexual y la reestructuración de la imagen corporal.

En las adolescentes la menarquia es un evento muy significativo que merece un ritual o celebración. Para los varones, las primeras eyaculaciones nocturnas también constituyen un hito. De esto se habla muy poco, en muchos casos es casi un secreto, que puede vivirse con preocupación o perplejidad si no es conversado.

Un elemento para acercarse a los hijos en este período tiene que ver con hablar tanto de las poluciones nocturnas, como de la menarquia, según sea el caso. Las primeras poluciones nocturnas no crean las mismas expectativas que la menarquia en las niñas, pero el proceso produce fuertes cambios tanto físicos como emocionales en ambos sexos. Ambas situaciones deben tener un espacio de conversación, los padres deben transmitir a los jóvenes la importancia de este momento.

Es necesario hablar tanto de los aspectos biológicos, como de las ambivalencias que puede generar este momento en el desarrollo. La pérdida del cuerpo infantil implica la necesidad de dejar atrás las identificaciones infantiles y encontrar nuevas maneras de plantearse en el medio. En esta etapa se viven diversos duelos: la pérdida del cuerpo y el status infantil así como de la imagen de los padres seguros y protectores de la niñez, según lo plantea Arminda Aberasturi psicoanalista argentina.

Los púberes no saben que les pasa, les cuesta ponerle nombre a sus vivencias. Hay mucha angustia y confusión, con poca capacidad para comprender lo que está pasando, el joven está muy ensimismado. Aparecen nuevas sensaciones corporales y vivencias psicológicas. Se sienten llenos de ambivalencia: curiosidad y placer y, a la vez, susto, extrañeza y culpa. Los impulsos sexuales y agresivos invaden su cuerpo y la psiquis.

En esta etapa la sexualidad genital está caracterizada por el autoerotismo; la masturbación es un elemento importante, que en muchos casos, permite la exploración y el conocimiento del nuevo cuerpo. Los jóvenes están centrados en sus cambios corporales, viven en permanente duda con respecto a lo que es normal o anormal.

Las relaciones con el sexo opuesto no son lo importante, se establece más intimidad con un igual del mismo sexo, facilitando el fortalecimiento de identidades y roles antes de entrar a la interacción heterosexual. Pueden enamorarse de la profesora, o de un adulto medio inalcanzable, pero ya no de la mamá o él papá.

La segunda etapa, entre los 14 y 17 años, responde a la adolescencia nuclear, donde lo vital es el grupo, el que se convierte en el centro de los intereses. Las visitas a la polola son en grupo de manera compartida con los pares. Se intercambian las relaciones fácilmente, los pololeos son inestables. Las relaciones sentimentales sirven a muchachos y muchachas como oportunidades para ampliar experiencias e intereses y enriquecer la identidad.

Aparecen los enamoramientos apasionados, se tiende frecuentemente a la idealización y a la desilusión. A veces ante la primera relación sexual se produce cierto desencanto ¿y eso era todo?, esto tiene que ver con la tremenda idealización del acto. En algunos casos, hay mayor placer en el evento exhibicionista de hablar de del acto sexual al grupo, que de vivirlo con la pareja.

Las aproximaciones hacia la sexualidad con otro, en general son angustiosas e incompletas, sin embargo hay abundante conductas ligadas a presumir: mucha palabrería, pero aún serias dificultades para lo más íntimo.

En muchos casos durante esta etapa, el aparato mental, no está aún del todo preparado para el desarrollo psicológico que requiere la intimidad sexual.

La tercera etapa es la adolescencia tardía o juvenil, que va desde los 17, 18 a los 24, 25 años. Aquí se espera que la sexualidad genital esté más integrada; se es más capaz de ver al otro con sus necesidades y se busca intimidad, la pareja comienza a ser un referente importante, el grupo queda en segundo plano. El joven comienza a integrarse poco a poco al mundo adulto. En esta etapa se va desarrollando cada vez más la preocupación genuina por otro distinto y separado de mí y de mis fantasías.

La pareja aún sigue estando un poco idealizada, se exhibe y se exige mucho goce, aún cuesta tolerar la frustración de otro real con aspectos buenos y malos, lo que constituye un trabajo para toda la vida adulta que queda por delante.

Como vemos el desarrollo de la sexualidad depende de la etapa del adolescente, pero en cualquiera de ellas es necesaria la mirada y cercanía de los padres, sin cortar el hilo, manteniendo la distancia necesaria para que el joven se sienta acompañado, pero no invadido. ¿Cómo? Con mucha intuición y conexión con las necesidades del hijo.

Viviana Sosman, psicóloga de la Universidad Diego Portales, especialista en adolescentes.

Posteado por PuntoMujer el 10:01 AM | Comentarios (11)

Mayo 23, 2008

Memorias de un antojo con mi padre

Hace unos meses, mejor dicho, en primavera visite el campo de mi padre que queda en la séptima región hacia el interior. En el auto viajábamos él y yo, y mi padre iba muy feliz porque para que yo me tome unos días debo hacer maravillas, me es muy difícil.

Yo también iba contento ya que el lugar y la compañía me encantan.

Bueno, en el trayecto pasamos frente a una casa que lucía el letrero. “se venden lechones de meses”; la mirada fue mutua y la duda, igual. “¿Compramos uno? Fue la pregunta al unísono y sin pensarlo, nos bajamos del auto.

Llamamos a grito pelado -porque han de saber que por esos lugares no hay timbre- hasta que apareció una señora que nos hizo pasar con la advertencia de que el perro no mordía. Aún así, el maldito perro no paraba de ladrar.

Nos llevó, entonces, a unas chancheras en donde el olor no era de lo más agradable y nos pasó un saco. Yo miré a mi padre, él a mí y me dice: “elige uno”. Debo confesar que he vivido en el campo y amo la naturaleza, pero nunca me había puesto a perseguir mi próxima comida.

Resultado: las risas de la señora al verme perseguir un chancho pequeñito eran menores a las risotadas de mi padre. Como me fue imposible pescarlo tuvo que llegar una lola de unos 16 años que no se demoró ni un minuto en conseguir lo que yo no pude en más de 30, meter al chancho en el saco y amarrarle las patas.

Mi desdicha ante el fracaso era total. Mi orgullo de macho ibérico estaba por los suelos, pero sabía que la única alternativa de salvar mi dignidad era invitarlos a comer un chanchito en horno de barro.

Les confieso que nunca había preparado uno aunque sí los había comido y en España, mientras estudiaba en Barcelona, me hicieron un ritual con un plato similar. Como prueba de que el cerdo había alcanzado la cocción perfecta se usaba un plato, en vez de un cuchillo, para cortarlo.

Cuento corto, a la mañana siguiente preparé todo desde el fuego hasta el aderezo con grasa de pato para que quedara dorado y las mil y una hiervas para el sabor. Se demoró más o menos unas 6 horas antes de que quedar listo; teníamos de invitados sólo a gente local, que –ciertamente- son mucho más críticos que varios de nosotros.

Para poder remediar mi poca agilidad de cazador, o mejor dicho, mi cobardía al minuto de atrapar dicho animal, les conté la historia del plato en España. La gente quedó media asombrada y, como en la cancha se ven los gallos, llegó el minuto de remisión: emulando a los ibéricos tomé un plato y procedí. La cara de asombro fue máxima, aunque igual les comento que tuve que usar un poco más de fuerza que el chef del restorant español.

Y… yo recuperé el sitial que había perdido, jajajajajajaja.

Saludos, Rai.

Por Raimundo Tagle, chef del Rai.

Posteado por PuntoMujer el 09:15 AM | Comentarios (5)

Mayo 16, 2008

El cliente perfecto

Antes que nada quiero aclarar que sin clientes y sin críticas, realmente, no tendríamos la posibilidad de estar escribiendo esta columna ya que no existiríamos; es una cadena, pero muchas veces, esa cadena se rompe con una facilidad muy similar a la del papel de arroz, ya que basta que algo no salga bien o que el ambiente de la mesa no sea el indicado para que se nos vuelva un infierno el servicio.

Muchas veces uno está preparado para todo, pero realmente hay ocasiones que nos sobrepasan. El otro día nos pasó; una mesa estaba de muy mal genio, el marido parece que había tenido un pésimo día y la señora, igual.

Uno detecta al minuto esas mesas y se pone una coraza de fortaleza ya que comienzan con un pisco sour que resulta no ser como el que ellos tomaron en Perú y se sienten ofendidos. Luego, el pan al ser de cacao -para poder variar un poco y marcar una referencia- lo critican por que el chocolate es para los postres. Se acerca una anfitriona a ver cuál es el problema y la señora, de una forma muy brusca y despectiva, insiste que el cacao es para los postres.

Uno, con los dientes muy apretados y una sonrisa más falsa que un billete de $3000, les dice que no hay ningún problema, que veremos qué se puede hacer y se avisa en la cocina que la mesa es un poco complicada, así que hay que ponerle más atención.

Piden los pescados de la carta y se les recomienda el atún que ellos comieron en su luna de miel en Isla de Pascua, y lo envían de vuelta porque está crudo en el centro. Uno como chef mantiene la sonrisa y lo cocina un poco más, sabiendo que no es la forma como se degusta, y salen los platos nuevamente. Para sorpresa mía, lo devuelven otra vez ya que el atún no está en su punto y mandan llamar al chef.

Me armo de valor y me dan una cátedra sobre la preparación del atún, el servicio y el pan de cacao, que los platos están fríos y así, un listado de detalles. Uno, como caballero, les pone atención y trata de solucionar todo ya que la mesa está un poquito cargada, y piensa que no será todos los días iguales.

Llega el momento del postre y en la carta se ofrece un creme brulle especial, especificando muy bien de qué se trata. Nuevamente, para mi sorpresa, me vuelven a llamar a la mesa: ellos habían estado en Francia y no era lo mismo; les explico lo de especial y que ni los productos ni la preparación son franceses y siempre con una sonrisa en la cara. Resumiendo, piden la cuenta, la pagan y se van.

Uno piensa que no van a volver nunca más ya que para ellos, claramente, fue la peor experiencia gastronómica, pero ¡surprise! pasan dos días y veo que entra la señora junto a su marido y toda su familia. Se convierten en una mesa para 10.

No lo podíamos creer. Si dos eran terribles, nos imaginábamos los 10 juntos. Pero otra vez nos sorprenden: a los 10 minutos de haberse sentado me llaman; él se levanta, les dice a todos que yo soy el chef, que cocino muy bien y que nunca había probado manjares más deliciosos. Les recomienda el atún con el centro crudo en el medio y luego les dicen no se pueden ir sin comer esa creme brulle que se prepara aquí que es de película. Definitivamente fue como esas historias de Condorito, cuando al final sale el ¡plop! En ese momento me acordé de lo que me dijo un chef en Europa: “cliente que se queja vuelve, cliente que no se queja, no vuelve”.

En verdad esto no es una crítica sino, más que nada, una muestra del valor con que debemos resistir, muchas veces, situaciones muy complicadas.

Saludos, Rai.

Por Raimundo Tagle, chef del Rai.

Posteado por PuntoMujer el 09:39 AM | Comentarios (0)

Mayo 12, 2008

Los mitos que equivocan el camino

Cuando los padres se preguntan cómo lo harán para abordar el tema de la sexualidad con sus hijos, uno de los caminos que pueden seguir es traer a colación algunos de los mitos sobre la sexualidad que rondan a los jóvenes. A partir de ellos puede surgir una interesante y esclarecedora conversación.

Primer mito: "A mí no me va a ocurrir" o “la primera vez que se tienen relaciones, la mujer no se queda embarazada”.

A los adolescentes en general, les resulta trabajoso medir las consecuencias de sus actos. Simplemente, piensan que son capaces de controlar sus impulsos con más facilidad de lo pueden. Aquí, la empatía es fundamental, no se trata de un discurso crítico sino de entender, como a los adolescentes les cuesta tomar conciencia que son tan vulnerables a sus pulsiones, como cualquier otro ser humano.

Muchos adolescentes tienen esta fantasía y, a veces, aunque saben que no es así, tienen la ilusión de que para ellos será diferente. Por eso, es importante insistir en ir al ginecólogo al iniciar la vida sexual y generar una comunicación, en la que el hijo sienta la confianza para pedir esto a los padres.

Segundo mito: "Las relaciones sexuales son siempre gratificantes, cuando se dan con una persona a la cual se quiere".

Contrario a lo que los videos, las películas y los medios de comunicación muestran, la sexualidad creativa y gratificante no es instantánea. El amor no basta para hacer de la experiencia sexual una vivencia plena y enriquecedora. La sexualidad se aprende y necesita tiempo, serenidad, comprensión y amor, esto es fundamental de trasmitir a los hijos.

Muchas veces, en la adolescencia, las relaciones sexuales son esporádicas y no existe el grado de intimidad y tranquilidad necesarias. La experiencia sexual puede ser insatisfactoria al menos para uno de los dos y eso no significa que algo anda mal, es parte del proceso de irse conociendo.

Tercer mito: "Las relaciones sexuales hacen que aumente la comunicación que, exista más intimidad y se enriquezca la relación de pololeo".

La actividad sexual puede nutrir el pololeo, pero es fundamental tener en cuenta que se requieren ciertas condiciones previas para el inicio y desarrollo de la actividad sexual. La comunicación y el conocimiento mutuo son tan importantes como la sexualidad.

Cuarto mito: "Si me quieres tienes que tener relaciones sexuales conmigo".

Es fundamental reconocer en el hijo adolescente los deseos e impulsos sexuales como un aspecto valioso y natural de su desarrollo y mostrarle como la conocida "prueba de amor" que muchos piden de sus parejas puede tener múltiples respuestas:

"Si me quieres, para mí es importante que puedas respetar mis sentimientos y no me presiones a hacer algo para lo que aún no me siento preparado (a)".O "Tener relaciones sexuales no prueba que yo esté enamorado. La verdadera prueba puede ser postergarlas hasta que sea el momento adecuado".

Postergar los deseos, en general, en nuestra cultura hedonista de hoy es difícil. Estamos en una sociedad en la que los mensajes apelan a la gratificación sensorial y sensual a través del consumo. Se resalta lo rápido, lo nuevo, el cambio; lo lento se bota y lo estable se descarta. Domina lo resuelto, lo fácil, lo eficiente; se busca el goce y la inmediatez, en oposición con el esfuerzo y la gratificación del logro paso a paso.

Detenerse para mirar a otro, distinto, separado de mí, implica por un momento dirigir la mente, detenerse, parar y calzar zapatos ajenos, ya sea de un hijo, una pareja, requiere esfuerzo mental. Escuchar detenidamente a otro, sin inundar con lo propio, implica saber esperar, darse el espacio para sintonizar con ‘el’ alguien diferente, ajeno que a veces toma tiempo entender.

Quisiera graficar esto con un caso. Tuve un paciente -que llamaré José Manuel- al que le gusta una niña que venía recién saliendo de un pololeo; ella también le había manifestado sus deseos de estar con él, pero necesitaba tiempo. Él pudo esperar algunas semanas, pero después de una fiesta de matrimonio, cuando ella “no le dio la pasada”, decidió involucrarse sexualmente con otra mujer. Todo porque no pudo tolerar el esperar, la frustración.

Bueno, a esto me refiero con la dificultad de ver al otro y la necesidad de una gratificación inmediata.

Viviana Sosman, psicóloga de la Universidad Diego Portales, especialista en adolescentes.

Posteado por PuntoMujer el 11:42 AM | Comentarios (2)

Mayo 09, 2008

Todo sobre mi madre...

Es un poco obvio a quien va dirigida esta crónica… a ella, a la persona más incondicional del mundo, a la mejor amiga en los mejores momentos y una vil carcelera en los minutos malos. Aquella que sufre más que uno cuando las cosas no nos resultan y saca pecho cuando, por algún motivo, su hijo destaca. A esa mujer que es esposa, abuela y hermana; a esa mujer que nunca está cansada y nunca será vieja… a ella, mi mamá.

¿Qué regalo se le puede hacer a una persona como ella? Creo que no hay, y no sólo para mi madre, sino que a todas las madres del mundo.

Pensaba en hacerle un plato especial para ese día, pero saben, estoy en blanco ya que, como lo mencione en una columna anterior, el sabor perfecto no existe.

Sé que ella con un beso será la mujer más feliz, porque para ella lo soy todo y eso se siente. Mucha gente me dice que soy un MAMÓN y, la verdad, no creo que sea malo. Al contrario, es exquisito sentir que alguien te quiere, te cuida y, además, es absolutamente incondicional.

Recuerdo que hace muchos, pero muchos años, nadie daba un peso por mí debido a que era el más flojo, el más desordenado, el más fiestero –cuestiones que uno hace cuando es bien joven- pero ahí estaba ella, defendiéndome a sol y sombra, como una leona que cuida a sus cachorros.

Me acuerdo como si fuera hoy de la noche en que le dije que quería estudiar gastronomía y que me iría fuera de Chile, que volvería convertido en alguien muy grande, no sólo en el sentido profesional, sino de persona. Me acuerdo de las oportunidades que se me dieron como trabajar para la empresa que organizaba el Festival de Cannes y se me vienen a la cabeza todos los malos momentos que le hice pasar.

Todo me costó mucho, pero lo primero que hice fue llamar a mi mamá y decirle que lo había logrado, que lo había echo por ella ya que era la que me daba la fuerza, a la distancia, para lograrlo. Y además, como toda buena madre, nunca se olvidó de mandarme esos mazapanes que a mi tanto me gustaban.

Por eso, esta columna esta dedicada a ella.

Gracias mamá, te quiero mucho, Rai.

Por Raimundo Tagle, chef del Rai.

Posteado por PuntoMujer el 09:04 AM | Comentarios (8)

Mayo 02, 2008

El libro de los recuerdos

El otro día me escribió una persona que sigue mi columna y me preguntó por qué no proponía recetas más caseras que todos pudieran hacer en sus casas y no fueran tan complicadas. Esto porque las mías, aparentemente, son difíciles, pero no lo son.

Ante la sugerencia me puse a buscar recetas tradicionales en unos libros antiguos y lo divertido es que en ellos se habla de pizca o de chorrito. Además, me acordé de cuando mi abuela cocinaba y se refería a eso.

Bueno, decidí intentar pero los platos no me van a quedar igual que los originales porque todo ha variado, desde los tomates que uno compraba antiguamente en la feria hasta la sal, que ahora también es diferente.

Cuando estudié cocina nunca me enseñaron a cocinar una rica cazuela o un buen puchero, siempre cosas estilo francés o de algún otro país. Es verdad que la comida tradicional tiene sabores diferentes y creo, que para lograrlos hay que tener un don, uno que tenían nuestros antepasados.

Quizás, parte de la explicación esté en que ellos tenían más tiempo para cocinar, los platos se preparaban en forma más lenta. También tenían la posibilidad de sentarse a la mesa y disfrutar de una buena comida, sin tener que salir corriendo como hoy, donde siempre nos pilla la máquina.

Recuerdo que los domingo era sagrado ir a comer donde mi abuela y ella nos tenía una ensalada de palta rellena con langostinos y mayonesa casera, hecha lentamente a mano; el plato principal era un lomo de cerdo con unas papitas, realmente, insuperables y el postre, unos biscochitos remojados en almíbar con un toque de manjar casero (se me hace agua la boca de puro recordarlo).

Aunque no creo que la cocina de antes sea más fácil trataré de encontrar recetas más fáciles que pueda adaptar a estos nuevos tiempos y así, recordar todos algunas emociones o olores que percibíamos cuando pequeños.

Saludos Rai.

Por Raimundo Tagle, chef del Rai.

Posteado por PuntoMujer el 08:47 AM | Comentarios (2)