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Noviembre 17, 2008

Adiós a los sermones

Los sermones con los adolescentes no van.

Los límites deben ser conversados como medidas de autocuidado. Al conversar de ellos desde un lugar de respeto y reconocimiento, los jóvenes podrán valorarlos y hacerse cargo de la necesidad de ciertas restricciones.

Al adolescente le genera mucha rabia seguir una restricción que viene desde afuera, mucho más un sermón, por eso, es necesario que vaya entendiendo, poco a poco, la función de autoprotección que cumplen los límites.

Esta construcción debe hacerse todos los días, en situaciones cotidianas. El diálogo sostenido con los hijos, acerca de las prohibiciones, permite que éstas vayan ocupando un lugar amoroso y protector, lo que no quita que en algunos momentos se generen fuertes montos de irritación y frustración. Si queremos adultos responsables para el mañana, tenemos que incentivar la conducta responsable desde la niñez y con mucha fuerza durante la adolescencia.

Evidentemente hay situaciones en que las restricciones no son transables, pero los adultos tenemos que reflexionar muy bien el porqué se da un “no” como respuesta o se pone una limitación. Hay cosas y situaciones en las que se podrá negociar. Cuando los adultos somos claros y damos buenos argumentos, los adolescentes se calman, entienden y se sienten contenidos.

En la consulta, cuando les explico a los jóvenes que hay un secreto profesional respecto de lo que me cuentan, pero que si su vida está en riesgo tendré que acudir a los papás, porque en esos casos es necesario contar con los adultos, los adolescentes lo entienden como una medida de protección hacia ellos y su tratamiento psicológico.

¿Cómo se desarrolla la conciencia de esta autoprotección?

Lo importante es observar de cerca a los hijos. Por ejemplo, si al llegar de las fiestas o al irlos a buscar uno intuye o se percata de que están tomando más de la cuenta, lo más indicado es sentarse con ellos y preguntarles: qué toma, cuánto toma, si mezcla distintos tragos, cuánto lo hace, hace cuándo lo hace, qué hace cuando le siguen ofreciendo, y cómo enfrenta la presión del grupo.

Es de vital importancia primero averiguar, entender claramente en que situación está el adolescente. Es primordial saber indagar: si le preguntan al adolescente ¿tomas mucho o poco?, claramente responderá poco; por eso, el detalle es importante, pero no para enjuiciar, sino que para hacerse una idea clara de lo que está pasando y poder, primero que nada, entender.

Este diálogo es fundamental para conversar con los hijos, explicarles cómo les puede afectar el exceso de alcohol, teniendo en cuenta las consecuencias complicadas, que a ellos les puedan interesar: algunos ejemplos deben venir desde el adulto, también, es importante incentivarlos a que desde su perspectiva aporten con los riesgos que ellos vislumbran.

Los límites son una siembra diaria, en que la cosecha no se ve de inmediato, pero se trata de que, poco a poco, el adolescente logre regularse y manejar más adecuadamente sus impulsos, con autocontrol y capacidad para cuidarse.

Viviana Sosman, psicóloga de la Universidad Diego Portales, especialista en adolescentes.

Posteado por PuntoMujer el 12:55 PM | Comentarios (5)

Noviembre 03, 2008

Desorientación vocacional

¿Por qué a algunos jóvenes les cuesta tanto conectarse con lo que quieren estudiar y tienen tanto miedo de entrar a la universidad?

Dar la PSU y luego entrar a la universidad es un hito que tiene que ver con pasar a otra etapa. Es importante entender que cuando los adolescentes tienen que pasar del colegio a la universidad están en un proceso de duelo, ya que, necesariamente, siempre que ganas algo pierdes otra cosa. Se es menos niño.

Se adquieren otras responsabilidades. En general, esta travesía, es una etapa de mucha angustia. Muchas veces los bajos rendimientos en la PSU tienen que ver con la resistencia del joven de pasar a un período distinto de la vida. Puede darse que inconscientemente no quiera dar una buena PSU para no entrar a la universidad, siendo ésta sinónimo del mundo adulto.

Este temor se ve agudizado debido a que muchos colegiales idealizan mucho la universidad y, por otro lado, sienten una presión enorme por ser exitosos.

La aprensión de pasar a una nueva etapa no se limita a la PSU, también se registran altos niveles de repitencia en tercero y cuarto medio, así como en el último año de universidad.

La presión desmedida de los padres, la rebeldía natural de la edad frente a ellos, también implica en muchos casos que los adolescentes se auto boicoteen, y les vaya mal en la PSU o en la carrera. Puede, además, ser una forma autodestructiva para mostrar rabia e independencia de los padres, una mala forma de llamar la atención.

Bancarse la incertidumbre hace todo aún más estresante. Porque hay quienes tienen clarísimo qué quieren estudiar, pero otros no. Lo óptimo en este caso es que el joven transite junto a sus padres el camino de no saber, ojalá teniendo la confianza de que las respuestas poco a poco llegarán.

He recibido a chicos desesperados porque no se deciden por una carrera y los padres reclaman que cómo el hijo va a "perder un año". Ese "perder" debe ser visto como una inversión, un tiempo dedicado a conocerse más; un tiempo para que el joven se haga cargo de qué quiere para su vida.

En muchos casos, la desorientación vocacional es un síntoma que tiene relación con un déficit en el proceso de la elaboración de la identidad; tarea fundamental, a desarrollar durante la adolescencia.

Si el adolescente no se conoce, le resulta muy difícil tomar una decisión creativa desde adentro, como algo original de si mismo. Es necesaria una conexión emocional, que posibilite el encuentro con lo más genuino y la distensión necesaria para poder percibir los propios intereses y de ahí la vocación o la especial motivación por un área, que son alternativas que se están presentando hoy en las universidades.

Puede ser de gran utilidad realizar un trabajo psicoterapéutico, para que el adolescente se vaya entendiendo y reconozca sus distintos aspectos, pudiendo diferenciarse de los padres y los compañeros de grupo, para realizar elecciones más propias.

Es importante que los adultos no proyecten sus frustraciones en sus hijos. No es raro ver a hijos presionados para que estudien determinada carrera, porque el papá o la mamá no pudieron hacerlo. En estos casos los papás se están mirando a ellos mismos, de manera narcisista, sin ver las necesidades individuales de sus hijos.

Es fundamental revisar las emociones que les producen a los padres el hecho de que los hijos se demoren o les cueste tomar decisiones, porque tal vez van a requerir de tiempo y no les será posible pasar directo del colegio a la universidad.

Dar espacio significa respetar los procesos de los hijos, y evitar que acarreen mochilas que nos les corresponden.

Viviana Sosman, psicóloga de la Universidad Diego Portales, especialista en adolescentes.

Posteado por PuntoMujer el 10:54 AM | Comentarios (9)