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Abril 22, 2009
Romper con la imagen de madre y mujer perfecta (I)
La madre de hoy es una mujer con vida propia, autónoma y eficiente. La maternidad es uno más de sus múltiples aspectos; también es profesional y trabajadora y se encuentra en constante interacción con otros, es una importante actora social. Tiene conciencia de sus derechos, tanto emocionales como sexuales y laborales. Aspira a una relación de pareja en la que se valoren las diferencias y exista una distribución de las tareas. Para poder enfrentar estos temas días, conviene tener presente algunas cosas:La madre perfecta no existe: Las madres necesitamos hacernos cargo de nuestra condición humana, limitada e imperfecta. Si seguimos aspirando a la excelencia estamos fritas.Pretender hacerlo todo bien, es un anhelo imposible. Somos incompletas tenemos grietas y fallas. Nos equivocamos, nos confundimos, no tenemos todo claro y esa es nuestra realidad.
Existen en nuestra mente una serie de representaciones, imágenes y valores, incorporados desde la niñez, acerca del tipo de madres que deberíamos ser. En general, esta es una madre idealizada y omnipotente, que puede con todo. Esta creencia puede trasformarse en un juez interno muy exigente y cruel. El reto es hacerlo lo mejor posible de acuerdo a nuestra manera de ser y circunstancias actuales.
La familia y los hijos son una permanente creación: Si la mamá no se permite cometer errores y está siempre sintiendo que tiene que hacer las cosas de manera óptima, sin permitir equivocaciones ni en ella, ni en sus hijos y pareja, crea una tremenda exigencia al interior de la familia.
Algunas, madres, padres e hijos se sienten muy culpables por no estar cumpliendo con los ideales sociales de sus respectivos roles. Creen que tienen que cumplir con patrones de excelencia, y eso genera mucha frustración y angustia. Tenemos que trabajar para ir definiendo desde lo interno lo que significa ser una buena madre, padre o hijo. Los parámetros tienen que irse construyendo desde adentro. En estos tiempos no es posible calzar en un formato, hay muchas maneras de hacer familia, cada una tiene su estilo y ritmo propio. Las relaciones están en permanente reconfiguración, es necesario sobrellevar amorosamente los errores y las caídas que son parte del aprendizaje.
La culpa como posibilidad de reparación: Las mujeres, en mayor o menor grado, sentimos culpa por salir a trabajar y/o por no poder compartir más tiempo con nuestros hijos. Por llegar tarde y cansadas con poca disponibilidad mental, sin la paciencia ni energías suficientes para estar con ellos El desafío, no es acabar con la culpa, sino transformarla en una posibilidad de acción y reparación.
Si me siento con mucha culpa y ésta me persigue me voy a juzgar sintiendo que lo he hecho todo mal. Si no es tan así, voy a poder ver que mis hijos están bastante bien dentro del tiempo que tengo. Al llegar cansada voy a poder contarles un cuento, o darme un tiempo para conversar y saber de ellos, según su edad y requerimientos.
Una vida propia y autonomía: Es necesario estar disponible para los hijos, pero no de forma incondicional. Es importante darse un tiempo para uno, poner límites y decir yo también necesito, ahora me toca a mí. La salud mental de la madre es muy importante para la relación que establecemos con los hijos y la pareja.
A las mujeres nos sana mucho sentirnos acogidas con el grupo de pares, compartir con las amigas problemáticas comunes, o simplemente pasarlo bien es parte de cuidarse. Una película, un libro, una tina, incluso un tiempo tranquilo para ir a la peluquería son parte de lo propio.
La madre moderna requiere de una organización familiar en la que se pueda delegar: La super woman pasó al olvido, las mujeres necesitamos establecer roles y delegar en cuanto al manejo del hogar y los hijos. El desafío es acordar con la pareja la división de las tareas; ver quién hace qué cosa, que todos asuman responsabilidades, incluidos los hijos. Si la mamá tiene una actividad profesional en la noche, el papá tendrá que hacerse cargo de acostar a los hijos, especialmente si son chicos.
Por Viviana Sosman, psicóloga de la Universidad Diego Portales, especialista en adolescentes.
Posteado por PuntoMujer el 03:57 PM | Comentarios (8)
Abril 07, 2009
Un minuto de reflexión
En estos días de Semana Santa, en que se nos invita a reflexionar, es importante pensar en las cosas que hacemos como padres que puedan favorecer o perjudicar el desarrollo y el crecimiento de nuestros adolescentes.Por eso, les propongo que se hagan estas preguntas para así, repensar la significativa labor que tenemos los adultos, en el desarrollo de adolescentes más autónomos, confiados y responsables.
¿Estoy constantemente comparando a mi hijo, con su hermano, su primo, o el hijo de mis amigos? ¿Aprecio lo que él o ella es?
“Deberías aprender de tu hermano, él tiene su pieza siempre ordenada”, es una frase recurrente.
A veces, comparamos a los adolescentes creyendo que así los ayudamos a mejorar, pero al hacerlo los descalificamos. El comparar está muy relacionado con nuestra cultura de la competitividad.
Al pensar que tenemos que ser mejor en relación a otros, se nos olvida que el tema tiene que ver con mirar cómo podemos superarnos de acuerdo a lo más genuino y característico de nosotros mismos.
Ayudar a nuestros hijos y a nosotros mismos a sacar lo mejor, de acuerdo a lo que somos, representa un importante desafío, sobre todo durante la adolescencia, etapa en que la que está en juego el desarrollo de la identidad.
¿Confío en la capacidad de mi hijo(a) para ir tomando sus propias decisiones y manejar sus tiempos con responsabilidad?, o ¿estoy encima de ella o él?, ¿cuánto reconozco sus cualidades?
“Cuando mi mamá sabe que tengo prueba, no deja de decirme: No te olvides que tienes prueba mañana… ¿ya estudiaste?, ¿cuánto te falta?, ¿seguro estudiaste todo?, ¿te ayudo a repasar? ¿Por qué no confía en mí?... ¿cuántos años cree que tengo? Y por último la nota es mía no de ella.”
Los adolescentes aprecian que se les cuide, pero no que se les sobreproteja. Es importante darles espacio para que ellos se puedan organizar y se hagan cargo de las consecuencias de sus actos.
La falta de seguridad en que ellos puedan utilizar sus propios recursos crea un adolescente falto de competencia y capacidad de desarrollo de habilidades, merma su autoestima y sus potencialidades.
¿Me cuesta mucho reconocer cuando me equivoco o no sé algo?
“Mi padre cree que todo lo sabe. Y cuando no, lo inventa, pues callado no se queda, después nos sermonea sobre la importancia de la honestidad.”
Sí, vale dudar, equivocarse y no saber. Por lo tanto, es importante reconocer frente a los hijos cuando hemos fallado, cuando no conocemos la respuesta o no estamos seguros.
Cuando somos capaces de mostrar nuestras limitaciones, no perdemos, mas bien ganamos respeto frente a nuestros hijos. Con el ejemplo, les enseñamos que ellos también pueden no saber o equivocarse: aceptar los propios errores es parte de la vida y del crecimiento.
Por Viviana Sosman, psicóloga de la Universidad Diego Portales, especialista en adolescentes.
Posteado por PuntoMujer el 11:06 AM | Comentarios (0)
Abril 02, 2009
Los mitos sexuales de los adultos y su efecto en los hijos
La relación de pareja es fuente de identificación para los hijos. Un vínculo satisfactorio en lo amoroso y sexual, promueve un adecuado desarrollo psicosexual; una sexualidad madura ligada a los afectos. Los hijos aprenden la sexualidad por identificación con los padres.Durante la niñez este es un proceso que se da en forma inconsciente; los hijos pequeños prefieren negar la sexualidad de los padres, sin embargo desde chicos han ido incorporando en sus mentes y cuerpo la calidad de intimidad amorosa y sexual que tienen sus padres, como se saludan, cuanto se tocan, si se miran, se gustan, como se comunican. Básicamente, están muy atentos a la relación de intimidad que sostienen el papa y la mamá, aunque no sean capaces de verbalizarlo.
Durante la adolescencia la percepción del tipo de vínculo que mantienen los progenitores es más consciente; está en plena construcción la identidad tanto femenina como masculina, como se es mujer u hombre son tareas esenciales de la adolescencia.
Para potenciar el desarrollo de una sexualidad madura, amorosa y placentera, necesitamos entre otras cosas que el hombre se pueda conectar con lo tierno, amoroso, receptivo y la mujer con el deseo, lo activo, y lo sexual.
En este sentido, es muy importante estar en contacto con lo que trasmitimos y mostramos a nuestros hijos; que tipo de relación llevamos con nuestra pareja, que modelos estamos aportando.
Por eso, los invito a reflexionar sobre estos mitos y las consecuencias que ellos tienen, en la construcción de la sexualidad.
- El hombre puede mostrar abiertamente su deseo sexual, esto es signo de virilidad. La mujer no debe mostrar su interés, es poco femenino. Hoy sabemos que el deseo sexual es parte de lo humano, tanto el hombre como la mujer deben hacerse cargo de su necesidad sexual.
- En relación a la sexualidad, el hombre debe ser más activo, rápido, eficaz y aventurado. La mujer más pasiva, pausada, receptiva, y moderada. Estas son dimensiones de lo humano ni la mujer, ni el hombre tienen que atenerse a una u otra, pueden explorar ambas, siendo a veces uno más activo y otro más pasivo, intercambiando roles, lo que otorga más movilidad a la pareja.
- El hombre debe saber de cuestiones sexuales, tiene que satisfacer a la mujer. Esta afirmación recarga al hombre otorgándole toda la responsabilidad del acto sexual. Se trata de una actividad conjunta, en constante construcción, poco a poco hay que irse conociendo e ir incorporando lo que a la pareja le causa placer; eso puede ser fuente importante de amor y complicidad.
- Si uno ama a su pareja siempre sabe lo que esta desea sexualmente. Esta declaración es muy peligrosa, la sexualidad no es estática, es fundamental comunicarse con el otro para estar al tanto de lo que necesita.
- La relación más completa es la de orgasmo simultáneo. Claramente no. Es necesario conocer y aceptar las diferencias entre hombre y mujer, el preocuparse generosamente del otro sin perder lo propio implica reconocer los distintos ritmos de excitación.
He expuesto una serie de mitos que espero puedan contribuir a revisar las ideas que tenemos sobre la sexualidad, ver como estas influyen en nosotros y reflexionar sobre lo que trasmitimos a nuestros hijos. La relación de pareja es fuente de identificación para los hijos.
Por Viviana Sosman, psicóloga de la Universidad Diego Portales, especialista en adolescentes.
Posteado por PuntoMujer el 05:04 PM | Comentarios (14)
